sábado, 18 de agosto de 2018

Novela: Cuando la tierra se abre. Prólogo "Pastel de concreto" y Capitulo 1 "Fotografía"


Cuando la tierra se abre.
Prólogo
Pastel de concreto

Era un hermoso amanecer, unos suaves rayos del sol se colaban entre las cortinas, iluminando por momentos mi habitación. Se escuchaba a los vecinos salir apresurados de sus casas, el sonido de la radio con el parte meteorológico. Los pájaros cantaban y volaban entre los árboles. El reloj sobre mi buró marcaba las 07:00am y era 19 de Septiembre de 1985: mi cumpleaños número 9.
Casi no pude dormir la noche anterior, llena de entusiasmo pensando que, por ser mi cumpleaños, no solo no habría escuela, sino que viajaría con mis padres a celebrarlo en un parque de diversiones todo el día.

De pronto, fuera de mi habitación, a lo lejos, pude escuchar varios pequeños pasos y murmuros acercándose. Me paré corriendo a poner el seguro en la puerta y volví a mi cama rápidamente, tapándome con las cobijas hasta la cintura y mirando hacia la puerta. Lentamente los pasos se acercaron a la entrada de mi habitación. Del otro lado escuché voces y risas muy despacio, mientras que al mismo tiempo intentaban callarse entre ellos diciendo “¡Shh!”.
Me tapé hasta la cabeza y cerré los ojos cuando el pomo de la puerta comenzó a moverse lentamente. Al sentir que estaba cerrado con seguro, lo intentaron de nuevo un poco más fuerte, pero aun de manera discreta y sin éxito. Entonces me levanté de mi cama lo más callada posible, me puse mis pantuflas y, de puntillas, caminé hacia la puerta muy despacio y, con mucho cuidado, quité el seguro y me oculte de manera que, al abrir la puerta, quien entrase no me viera.
El pomo se movió una vez más, abriéndose la puerta. Yo me mantuve oculta mientras los veía entrar.
-          ¡¿Eh?! Cariño, ¿dónde está Lucía? – Preguntó mi padre al no verme en la cama y volteando alrededor de la habitación.
-          No lo sé – respondió mi madre en tono preocupado – Es una lástima que no esté en su habitación. Ni modo cariño, tendremos que comernos su pastel entre tú y yo
-          Ella se lo pierde, mi cielo. – dijo suspirando sin dejar de voltear a su alrededor.

Pastel” fue la palabra mágica que me hizo salir corriendo de mi escondite a los brazos de mis padres.

Mientras nos abrazábamos me desearon un feliz cumpleaños y me llenaron de besos: Era hija única, mi padre tenía un muy buen trabajo, vivíamos en un departamento alto y con una vista hermosa de la ciudad. Mi madre se encargaba al 100% del hogar y nuestras necesidades, enfocándose en mí. Siempre fui una niña malcriada en algunos aspectos, como toda hija única, pero de una manera noble y humilde a pesar de nuestra buena posición económica.
Muy seguido los profesores felicitaban a mis padres por mi educación y valores. Me encantaba jugar con otros y compartir las cosas, aun así y a pesar de ello, siempre lograba lo que yo quería, cuando yo quería y como yo lo quería. Me llevaba muy bien con otros niños a pesar de la envidia de algunos y los adultos siempre me usaban como ejemplo a seguir. Me sentía orgullosa de mi misma y todo lo que hasta entonces había logrado.

-          Prepararé el desayuno, para irnos temprano – dijo mi madre mientras acariciaba mi cabello. Sus ojos tenían un brillo especial, se veía muy contenta – mientras cámbiate por favor. No tardes, que tu padre y yo tenemos una sorpresa para ti – Sonrió mientras se frotaba el estómago.
Asentí entusiasmada y también me froté el estómago diciéndole que yo también tenía mucha hambre, ella se rio y se levantó hacia la puerta. Mi padre se acercó, me dio un beso en la frente y salieron de la habitación cerrando la puerta detrás de ellos.
Muy contenta y tarareando una canción, abrí mi closet para buscar mi mejor ropa para celebrar mi cumpleaños. Luego de observar un rato encontré mi vestido favorito y me lo puse. Me quedaba un poco chico ya, pues lo habían comprado hacia unos meses y yo había crecido un poco, pero aún me quedaba bien. Volteé a ver el reloj, eran las 07:15, debía apresurarme.
Termine de cambiarme, me puse mis zapatillas y salí corriendo de mi habitación hacia el comedor.

-          Te hemos dicho varias veces que no corras dentro del departamento Lucía, por favor, te puedes hacer daño. – Me regaño mi padre, quien ya estaba sentado en el comedor, leyendo un periódico y tomando café.
Me disculpé mientras me sentaba en mi silla.

-          Y dime, Lucía, ¿estás lista para subirte a la montaña rusa? – Preguntó mi madre.
-          ¡¿Qué?! Claro que no, yo quiero ir al carrusel y los carritos chocones
-          Anda Lucí, imagínalo – dijo muy sonriente y haciendo ademanes con las manos - ir subiendo despacio por los rieles “tak tak tak tak” y llegar a la cima contando: 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… - De pronto se quedó callada, su rostro se ensombreció y, asustada, dijo – ¡tenemos que salir de aquí!

Cuento largo: Pulgas prietas, capitulo 1: "¡No me dejes!"

Capitulo 1: ¡No me dejes!


La puerta del carro se cerró con un fuerte golpe, el motor se encendió y el automóvil arrancó a toda velocidad mientras la lluvia caía.
       - ¡Alto por favor! ¡Perdóname! – Gritaba el perro mientras corría desesperado tratando de alcanzar el auto, sin embargo, no le hicieron caso porque el humano solo escuchaba ladridos - ¡Por favor no me dejes aquí! – suplicó.
      Cuando vio que la distancia aumentaba se dio por vencido y se sentó jadeando, viendo como el carro lentamente desaparecía en el horizonte. 
Confundido y triste caminó entre la multitud de gente para protegerse del agua y agachó la cabeza: Sus orejas rozaban levemente el suelo mientras la gente pasaba a su alrededor sin siquiera notar su presencia, sin saber lo que acababa de suceder: Había sido abandonado...
      Situaciones como esta suceden todos los días, esta es una más.

jueves, 7 de junio de 2018

Fábulas y cuentos de media noche #8: El cartero


“El cartero”


        …“¿Será verdad?, dicen que la primera vez siempre es la peor y la única que se quedará en tu cabeza para siempre. Después de eso las cosas se vuelven más sencillas, incluso placenteras.”






Ese fue mi pensamiento mientras, cubierto de sangre, abrazaba fuertemente el pequeño cuerpo de mi hijo y lo sofocaba con una bolsa de plástico cubriéndole su cabeza. Estaba tan débil que ni siquiera se resistió.


¿Quién iba a pensar que este sería el escenario cuando hace unos minutos estaba sobre ese mismo césped corriendo y jugando con su padre? Todo sucedió muy rápido: De la nada sonaron varias detonaciones a nuestro alrededor. Cuando reaccioné solo pude ver como aterrizaba sobre su brazo izquierdo, muy lentamente, el primero de los tres impactos sobre mi hijo mientras él corría hacia mí. Luego el del pecho lo detuvo un poco, pero siguió corriendo, con su vida desbordándose por los huecos de las balas... Fue el último, en su pie izquierdo, el que lo tumbó, tiñendo de rojo carmesí el verde lleno de vida de ese parque maldito.
 No me importo que las detonaciones continuaran a mí alrededor, corrí y cubrí su cuerpo con el mío. Su mirada estaba perdida, intentaba hablar, pero solo tosía, pues su boca estaba llena de sangre que se derramaba por las comisuras de su pequeña boca. Lágrimas que salían de sus ojos, ahora fijos en los míos, recorrían su rostro… Entonces, como obra siniestra del destino, una bolsa de plástico atraída por el viento me cubrió el rostro por completo. Supe en ese momento que debía acabar con el sufrimiento y aceptar la pérdida de mi pequeño…

Luego del funeral, su madre y yo buscamos justicia junto con las familias de los 30 muertos de esa tarde en el parque, pero las autoridades, con su ineptitud en su máximo esplendor, no quisieron ayudarnos, clasificando nuestro caso como un “ataque aislado por un comando armado desconocido”, dándole vueltas a la investigación en un sin parar de documentos y entrevistas.

Solo buscaba justicia. “Haz el bien sin mirar a quien”, decía mi madre. Fui criado con esa mentalidad. Era una persona noble, trabajadora e inocente… Sin embargo la sociedad me hizo cambiar de parecer, convirtiendo mi sed de justicia por venganza.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Fábulas y cuentos de media noche #7: El bandido


EL BANDIDO

... Luego de perder el duelo, no supe que sucedió. Debí haber permanecido ahí tirado unos días, muerto, o no lo sé. Lo que sí sé es que hoy en día no hay respeto por los ladrones y bandidos. Me desperté al sentir un par de moscas en la cara y un grán dolor en el pecho. Al tocarme sentí el hueco de las balas que me habían atravezado, pero no me dolía tan grave como se veía.
No tuve tiempo de detenerme a pensar que estaba pasando, por qué estaba vivo: Así como reaccioné, me levante y corri a esconderme. Me refugié en un viejo granero abandonado, donde revisé mis heridas a fondo, viendo que solo estaban sucias, pero no tenía infección, es más, estaban casi sanadas por completo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Fábulas y cuentos de media noche #6: Después de la tormenta

DESPUÉS DE LA TORMENTA

... Dos almas gemelas no pueden ser iguales. Deben ser diferentes, muy diferentes para comprender una a la otra, y así, al lograrlo, formar una sola alma, esa gran alma a la que llamamos "amor"...

Ella, su nombre: Midori Shozo. 
Él, su nombre: Cristopher Brown.


Ella vive en Tokyo, Japón. Es una mujer joven, casi llegando a los 30 años. Soltera y con ganas de conocer el mundo; aventurera y arriesgada, se esfuerza para conseguir lo que quiere. Siempre lo consigue.

Él vive en Toronto, Canadá. A sus 27 años de edad es un gran apasionado por la aventura, adicto a la adrenalina, hambre de experiencias nuevas y un poco inmaduro.

sábado, 8 de julio de 2017

Fábulas y cuentos de media noche #5: Para ti


PARA TI

     Tenía los ojos cerrados, sentí cabello largo y suave rozar mi mejilla izquierda y un par de lagrimas rodando sobre la derecha. Mi cabeza estaba apoyada sobre algo, algo que mis brazos estaban abrazando... alguien. 

Desde mi alma salió un suspiro entrecortado.

viernes, 16 de junio de 2017

Fábulas y cuentos de media noche #4: La noche de la polilla

La noche de la polilla

      Por azares del destino, y como parte de mi trabajo, me encontraba sentado a media noche entre dos cerros. Me dió un poco de miedo, así que encendí mi lampara y saqué mi libreta para comenzar a escribir y no dejar que mi mente fuera dominada por mi temor.

      No hacia ni frío ni calor, Mi ropa ligera era la adecuada, estaba inspirado y cómodo, asi que empece a escribir. 

      Todo iba de maravilla; Las palabras fluían, las horas pasaban y el miedo desaparecía hasta que, de repente, una polilla golpeó mi rostro.

     - ¡Ay! Perdón - Dijo le insecto
     - No te preocupes - Contesté.

      No pasó ni un segundo después de esa breve conversación cuando, sorprendidos los dos, nos miramos y gritamos al mismo tiempo: 

"¡Puedes hablar!"